| Impresiones de un viaje a Italia (Reggio Emilia 2007) |
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Para los que llevamos la canaricultura en lo más hondo de nuestra alma, constituye una ilusión y una satisfacción visitar ese macro acontecimiento de Ornitología que se celebra todos los años en Reggio Emilia (ITALIA), durante la última semana de noviembre.
Objetivos y metas en la canaricultura hay muchos, pero siempre nos ha parecido que el intercambio de ideas y experiencias con compañeros y aficionados ajenos a nuestro entorno resulta alentador. Y animados por ese espíritu inquieto que tenemos las personas decidimos un grupo de amigos y aficionados de El jueves de madrugada y partiendo de puntos distintos de la isla e islas, nos encontramos en el aeropuerto sur Reina Sofía. Acomodados en el restaurante del aeropuerto tomando café, vimos y saludamos a otros aficionados de la isla que como nosotros estaban deseosos de conocer y visitar Reggio Emilia. Esto dio lugar a que un nutrido grupo de canarios tomáramos rumbo a Italia.Entre bromas y rizas nos hicimos la foto de salida.
Cruzamos el mini-charco como decimos aquí en Tenerife y llegamos de madrugada a Madrid. Una vez en el aeropuerto, las mochilas se abrieron y como cuando íbamos de excursión con el colegio los bocadillos afloraron y la máquina de coca-cola del aeropuerto hizo con nosotros su agosto. Una vez reconfortados salimos de nuevo con Iberia rumbo a Italia. A la llegada nos esperaban las maletas, los transportines, dos coches y los carabineros de medio ambiente. ¿Por qué nos esperaban los carabineros?, porque llevamos nuestros Melados Tinerfeños para exponerlos, presentarlos y darlos a conocer mediante un stand que nos habían reservado los organizadores del concurso. Una vez inspeccionados nuestros canarios y solucionadas algunas dudas, de manera muy educada -tanto ellos como nosotros- nos dijimos: adios y ciao. Cogimos nuestros coches y con la ilusión como guía hicimos una de kilómetros que en Tenerife habría que dar la vuelta a la isla para cubrirlos, eso sí, todo recto. En ese largo trayecto siempre hay alguna anécdota. En canarias no hay autopistas de peaje, el compañero del otro coche lió una cuando fue a pagar que la cola parecía que no se iba a terminar, pero se solucionó y seguimos hasta llegar al hotel. Una vez en el hotel, a toda prisa y corriendo dejamos las maletas y salimos directo al recinto ferial. Nunca habíamos visto un recinto tan grande donde cohabitan un pabellón de exposición y dos de ventas de pájaros, pero eso no fue nada, en comparación con lo que nos esperaba al día siguiente. Cada uno buscó en la exposición la raza que cultiva. La cantidad y sobre todo la calidad sobrepasaban nuestros pensamientos. Por mi parte, mis ojos no daban crédito a lo que veían, unos extraordinarios AGI, unos bonitos Rizados de París y unos fenomenales Crested. Una vez visionados los pájaros de la exposición, nos volvimos a encontrar, y fuimos en busca de nuestro stand que fue durante los días de la exposición nuestro cuartel general. Al cierre del recinto regresamos hotel. A la mañana siguiente, y muy de madrugada empezamos con la faena del día, ducha, desayuno y a toda prisa al recinto ferial. Como habíamos participado en el concurso no tuvimos que hacer la cola para comprar las entradas y fuimos casi de los primeros en entrar. Una vez dentro del recinto, nos dirigimos a nuestro stand, depositamos abrigos, mochilas y bufandas y comenzamos a montarlo.
Poco a poco fuimos pegando en las paredes del stand los carteles y las pegatinas, que llevamos con nosotros, alusivas a los melados, a Al final nos hicimos fotos de rigor.
En la foto solo faltan dos, lo más probable es que impresionados – por los lizares y los bernois - se habrán quedado atontados viendo la muestra. Hicimos lo obligado, paseamos, realizamos el maratón de vueltas y vueltas en las salas de venta, alegamos, observamos y de vez en cuando saludábamos a algún canario que habíamos visto en el aeropuerto, así como algún peninsular que ya conocíamos. De vez en cuando visitábamos la exposición y de nuevo a las salas de ventas y al stand del melado.
Conocimos e hicimos amigos italianos entre los que se encuentran Spiandore Nereo, Trombetta, Enrico Jacopucci, Ferrari y el entrañable Antonio Passeri. Antonio ya era conocido nuestro, había actuado como juez en el I Monográfico del Gloster en Tenerife. Nereo es criador de AGI y Rizados de París al igual que Jacopucci y Trombeta, mientras Ferrai es criador de gloster. De Nereo podemos decir que quedó primero en parisinos unicolor y en equipo blanco, segundo en AGI manchado, en equipo rizado de parís y en ardesia; Jacopucci fue este año uno de los campeones del Club Italiano del AGI.
Cada uno, según la raza que cría charló e intento recoger información sobre la cría, la alimentación y el cuido de nuestros canarios entre un español y un italiano que muchas veces no se enteraba uno de lo que nos querían decir, pero con ilusión siempre se aprende algo nuevo. Asimismo, compramos los pajaritos que creímos que necesitábamos, quizás gastando algunos euros de más, y a base de bocadillos de mortadela pasamos los días de la muestra en el recinto. Por la noche la división de opiniones sobresalía, algunos comían fuera del hotel y otros no, pero la última noche fuimos todos juntos a comernos una auténtica pizza italiana.
Por supuesto y sin dudarlo, aunque con demasiado frío, no faltó, el correspondiente paseo nocturno de Reggio Emilia.
Salimos de Bolonia de mañana y regresamos a Tenerife de noche. Creemos que visto con futuro valió la pena el viaje. |
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